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Entrevista

GABRIEL VARGAS

Pegador de posters

Desde hace ocho años, Gabriel Vargas (Santiago de Chile, 1990) pega carteles de todo tipo de eventos en algunas de las calles más concurridas de Madrid, sobre todo en los abarrotados barrios del centro. La empresa para la que trabaja, Tengo un Trato, es de las más experimentadas en una labor que suele juzgarse con prejuicios.

La pegada de carteles fue una de las primeras y más efectivas acciones de street marketing que se generalizó en las ciudades más avanzadas, en especial con la industrialización y desde finales del siglo XIX. La pegada mantiene su efectividad a pesar los innumerables cambios tecnológicos que se han vivido. Como cualquier actividad humana, se puede hacer de cualquier manera…o con gusto y dignidad.
Este joven chileno, afincado en Madrid desde muy joven, se enorgullece de haber aprendido a hacerlo bien: se nota que le gusta y lo disfruta. Eso, pese los días de lluvia y viento y, sobre todo, la guerra fría (o no tan fría) que de un tiempo a esta parte les ha declarado una empresa de compraventa de oro, que se dedica a boicotear su trabajo cubriendo sistemáticamente sus posters (y arruinando la estética de la calle). Gabriel responde al conflicto con serenidad y nos cuenta las claves y códigos de un oficio gracias al cual podemos admirar la creatividad de los diseñadores, y conocer los variadísimos eventos culturales sólo paseando por las principales calles de una gran ciudad como Madrid.

Cómo empezó.
“Llevo ya ocho años pegando carteles. Lo había hecho esporádicamente, pero desde entonces me dediqué más a esto con la empresa que me contrató. Me enseñaron, fui aprendiendo y me hice con la zona. Llevo muchos años pegando y me conocen todos los pegadores. Aprendí que hay un cierto orden, una forma de pegar con la que todos nos respetamos, excepto los pegadores de una empresa en concreto. Ahora mismo, controlamos todo el centro”.

La clave de la pegada de carteles.
“Una pegada intensa. Estar todo el tiempo. Le dedicamos mucho tiempo a estar en la calle, estamos pegando siempre. Hacemos tres turnos: mañana, tarde y noche. Somos los únicos que pegamos por la noche. Y si nos tapan, repasamos. Tienes que estar ahí siempre, volver a ver si los taparon para pegar otro. Respetamos a la gente que pega uno para que se vea. Nosotros, al final, pegamos mucha cantidad, pero intentando que se vea todo. Las zonas más importantes son Malasaña, Tribunal, La Latina, Lavapiés…Sobre todo, el centro”.

Un día típico de trabajo.
“Vamos al almacén, a la oficina (en Ópera), nuestros jefes nos dan un listado y nos
dicen qué cantidades tenemos que sacar. Ellos programan ese volumen, y nos dicen qué zonas tenemos que cubrir. Cargamos materiales y carteles, preparamos carritos, cubos y cepillo y empezamos la ruta. Siempre comenzamos por la zona donde ya no están nuestros carteles, para repasar y que se vayan viendo. En general, yo pego siempre, independientemente del tiempo que haga. Me gusta hacer mi trabajo. Cuando llueve me pongo un chubasquero, aunque si hay mucho viento y lluvia, esperamos un poquito a que se calme y continuamos”.

Las ordenanzas municipales.
“Nosotros pegamos de forma que no molestemos. Por lo que yo sé, en Madrid hay cierto vacío legal al respecto. En ciertos lugares como éste (una valla que delimita un solar) no nos pueden decir nada. En cambio, si pegamos en fachadas o paredes de edificios, nos arriesgamos a que nos multen. Nosotros no hacemos ese tipo de pegadas, sabemos dónde tenemos que hacerlo, dónde la policía no nos va a decir nada, siempre teniendo cuidado de no dañar el mobiliario urbano. Con los puntos ya concretos. En todos los años que llevo en esto, nunca he tenido un problema o roce con la policía. Hay gente que nos conoce y sabe que estamos trabajando”.

Lo mejor y lo peor de este trabajo.
“Lo mejor es que, por lo menos a mí, me distrae. Me relaja estar en la calle, voy caminando y pegando. Me conozco todo Madrid, sobre todo, el centro, de arriba a abajo. Lo peor es que la gente, a veces, no entiende este tipo de publicidad. Hay personas mayores que te dicen que estás ensuciando. Le tienes que responder: “no, señora, sólo estamos pegando carteles”.

La guerra con los pegadores de “Compro oro”.
“Tenemos un problemita con ellos, sí. Probablemente sea el mayor ahora. En realidad, el problema lo tienen ellos con nosotros. Nosotros hacemos nuestro trabajo, simplemente. Se lo han tomado como algo personal. Nos dicen que tienen órdenes de hacerlo así. Es sólo una empresa en particular. Yo no quiero hablar mal de ellos, pero hay muchos rumores. No es muy legal lo que hacen. Están así desde hace casi dos años. Nosotros siempre hemos trabajado la zona centro, porque es donde se ve más el cartel, y ellos han aparecido aquí con esa idea de que la calle es suya”.
“Es un poco raro. Tampoco quiero entrar mucho en su juego, yo me dedico a trabajar. Ahora mismo tuve una bronca con uno de ellos. Le he dicho que está perturbando el trabajo de toda la gente que está haciendo esto desde hace años, pegando mal y ensuciando el suelo. Aparte, por culpa de ellos la policía nos puede parar. Según su versión, todo empezó porque nosotros tapábamos sus carteles. Nosotros no tenemos problema con que otra gente pegue sus carteles. Todos nos conocemos y nos respetamos. En cambio, ellos se han metido ahora en el centro y hacen una forma de pegada que, para nosotros, no está bien. Tienen derecho a pegar, pero van a saco a tapar los nuestros. No respetan el trabajo de los demás”.

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© JC Peña • PosterCity